La masía l’Aragall es una casa de campo muy antigua situada en Aiguafreda. Su nombre aparece en documentos desde hace muchos siglos, ya en la Edad Media. Al principio el nombre se escribía de distintas maneras, pero con el tiempo quedó como Aragall.
La masía existía ya en el siglo XIII y dependía de los señores de Cruïlles, que gobernaban esta zona. En el siglo XV se sabe con seguridad que vivían personas en la casa. Durante muchos años, la masía perteneció a la familia Aragall, que le dio el nombre.
En la Guerra de la Independencia española entre España y Francia, de principios del siglo XIX, la masía fue saqueada. Por este motivo, los propietarios se fueron a vivir al pueblo de Aiguafreda, pero la casa no quedó abandonada, ya que fue cuidada y trabajada por masoveros.
La casa que vemos hoy se construyó entre los siglos XVII y XVIII, aprovechando partes de una masía más antigua. Tiene varias plantas, una torre redonda y un semisótano porque está edificada en una zona con desnivel. Con el paso del tiempo se hicieron reformas y ampliaciones, sobre todo en el siglo XX.
Dentro del recinto hay una capilla, que se construyó en el siglo XVIII. Está dedicada a santo Tomás, nombre que se eligió en el siglo XX por llamarse así el nuevo propietario. Durante un tiempo, la capilla se utilizó como establo, hasta que fue restaurada.
En 1956, la familia Pou adquirió la finca que había llegado a manos de especuladores y estaba muy deteriorada, aunque habitada por la familia Vicens, los masoveros. La casa estaba casi en ruinas: no tenía agua corriente ni electricidad, el sótano servía de establo para las vacas y había goteras, suelos hundidos y mucha humedad. Aun así, conservaba elementos muy antiguos, como una inscripción de piedra del año 1604.
En 1959 los masoveros se marcharon al pueblo y comenzó una larga etapa de reconstrucción. Primero se arregló una casa anexa para poder vivir allí mientras se restauraba la masía principal. Se buscó un manantial para llevar agua, se construyó una balsa y se instaló la electricidad y un camino de acceso.
Durante años trabajaron albañiles, carpinteros y otros artesanos, intentando respetar el aspecto tradicional de la masía. Poco a poco la casa fue haciéndose habitable y la familia empezó a pasar allí fines de semana, vacaciones y celebraciones. Más adelante se añadieron nuevas mejoras, como la capilla, porches y dependencias agrícolas, logrando que la masía l’Aragall se conservara y siguiera viva.
Hoy en día, la masía l’Aragall es un ejemplo importante del patrimonio histórico de Aiguafreda y nos ayuda a entender cómo vivía la gente en el campo hace muchos años.
